Los vehículos usados procedentes del renting aportan un valor añadido basado en su juventud, un mantenimiento intachable y el marchamo de calidad de las operadoras de renting.

Mayo ha cerrado con un incremento de las matriculaciones de renting del 9,18%. Cada vez hay más gente que opta por este tipo de servicio para disfrutar de todas sus ventajas en sus necesidades de movilidad, pero ¿qué pasa con los vehículos de renting cuando terminan estos contratos? Cada año, el renting nutre al mercado de segunda mano de vehículos con un alto valor añadido y cuya calidad es ampliamente reconocida. Los vehículos de ocasión, en general, ganan peso, paulatinamente, en las ventas de nuestro país, si bien aún existe mucho potencial, teniendo en cuenta que el ratio de vehículo usado por cada vehículo nuevo, aquí, se situó, en 2018, en 1,7 y en países de nuestro entorno, como Alemania, éste es de 3.

Este aumento de la demanda viene acompañado de un cambio en la mentalidad de los propios compradores, cuyas exigencias cada vez difieren menos de las de uno de vehículos nuevos. Buscan calidad, garantía, tecnología y, por supuesto, también precio. Los usados abandonan conceptos estigmatizantes del pasado para convertirse en una opción absolutamente racional y llena de ventajas y el renting contribuye, en gran medida, a que esto sea así, gracias a una oferta de usados completa y con plenas garantías. De este modo, los vehículos usados procedentes del renting tienen, de media, cuatro años, un historial de revisiones y mantenimiento intachable y el aval de las compañías de renting que cuidan sus vehículos como su principal activo.

El aumento de la demanda de este tipo de vehículo usado joven y de calidad se consolidará aún más y servirá para desplazar los vehículos más antiguos. Prácticamente, todos los vehículos que el renting saca al mercado de usados tienen etiqueta medioambiental C. El renting es la mayor «fábrica» de vehículos usados entre 3 y 5 años.