El leasing y el renting, en la cresta de la ola de las nuevas costumbres de consumo.   

Quienes sigan de algún modo los útiles contenidos informativos que envía cada año periódicamente este interesante Foro Postventa, quizá recuerden que abordé el ejercicio pasado el auge del pago por uso en productos y servicios en esta vertiginosa e hiperdinámica sociedad de consumo de masas que nos ha tocado transitar y vivir.

Sirva esta pequeña introducción para corregir y aumentar lo que ya apunté en 2017: el pago por uso, lejos de moderarse, se está multiplicando exponencialmente, tanto por el lado de la oferta, como por el de la demanda. En definitiva, los patrones de consumo han superado el modelo clásico de propiedad y lo que desea el usuario es disponer del bien o servicio en cuestión y explotar todas sus posibilidades, lo que convierte en extravagantemente oneroso y realmente inútil el concepto de propiedad.

Este cambio en las costumbres consumidoras, que es abiertamente cultural, también tiene otros apoyos, como es el económico –derivado de la larga crisis iniciada en 2008- e incluso de factores como la alta movilidad geográfica laboral –sobre todo, de las nuevas generaciones-, que se muestra poco compatible con la tenencia y traslado de los bienes de consumo; en especial, de los medios de transporte. Si añadimos a este marco socio-cultural y económico los argumentos del precio atractivo, posibilidad de disfrutar de las innovaciones tecnológicas casi al instante y las ventajas fiscales, no se les ocultará a ustedes que las herramientas del leasing y el renting encajan como un guante en las nuevas necesidades del consumidor. Y, más en concreto, en el caso del profesional, ya sea empresa o autónomo.