Hace sólo tres años, apenas se hablaba del coche conectado. Hoy, está en boca de todos. Los más osados le ponen fecha; los menos, elucubran sobre su progresiva implantación. Pero de lo que no cabe duda es de que el coche conectado primero y el coche autónomo después revolucionarán la automoción en los próximos años.

Hoy es frecuente ver un anuncio de un Opel destacando el wifi del coche. O de un Volkswagen que aparca solo. O de un Peugeot con tantos sistemas de seguridad que es capaz de hacer frente a cualquier eventualidad. No sólo eso. Continuamente salen noticias de que si el coche autónomo de Google ya circula. De que ha tenido un accidente. De que hay que cambiar la legislación… Y es que la movilidad está cambiando. Ya no es sólo los aspectos citados, sino también el carsharing, la limitación de acceso a las grandes ciudades, los vehículos eléctricos o la sombra que se cierne sobre el diésel y su presunta mayor contaminación que sus rivales.

El coche autónomo Los vehículos nuevos cada vez cuenta con más sistemas de asistencia a la conducción. Sistemas que avisan ante el cambio de carril o que ayudan a

Detener el vehículo si el de delante está frenando, evitando la colisión por alcance, están a la orden del día. De hecho, se están implantando como obligatorios en los vehículos industriales y se presiona para que se haga lo propio en turismos. Por no hablar de los sistemas de ayuda al aparcamiento con y sin conductor. Un ejemplo, el nuevo Mercedes Clase E está capacitado para realizar una conducción casi autónoma, ya que ante problemas a se requiere la ayuda del conductor. Y en breve se pondrán a la venta las primeras unidades…

Otro ejemplo. las ventas de Bosch en el campo de los sistemas de ayuda a la conducción están aumentando actualmente a un ritmo del 33% anual y la empresa prevé que, en 2016, sus ventas en sistemas de asistencia al conductor superen, por primera vez, los mil millones de euros. Y según Belén Aranda, responsable para Europa del proyecto de conducción automatizada de Bosch, “a partir de 2020, podremos ver coches altamente automatizados que conducirán ellos solos por las autopistas”. Así, el coche se convierte en el chófer y el conductor en el pasajero.

¿Qué hace falta? Esta nueva realidad abre muchos interrogantes. Por ejemplo, con las carreteras… ¿Cuánto dinero habrá que invertir para mejorarlas y adaptarlas a estos nuevos vehículos?¿El coche autónomo podrá conducir por cualquier carretera o hará falta que, al menos, esté correctamente señalizada…?¿Habrá que balizar o instalar sistemas que permitan una buena cobertura wifi para que el sistema de navegación e información de ruta esté actualizado al segundo?¿Y están los satélites de GPS y el propio ancho de banda preparados para que una cifra altísima de vehículos estén conectados? En segundo lugar, el usuario. ¿Estamos preparados para que el coche conduzca solo? Si en un tren, por ejemplo, que circula sobre vías y está altamente automatizado, sigue habiendo quien pilota… ¿nos fiaríamos completamente del vehículo?; ¿dependería su respuesta del tipo de programación de la marca de automóviles? Y el conductor, sin duda, perdería capacidades, al dejar que el propio coche asuma parte de la conducción. ¿Haría falta carnet de conducir?; ¿qué ocurriría con las autoescuelas o los profesionales del transporte? Por no hablar de elementos éticos relacionados con la siniestralidad.

¿Y la posventa? En primer lugar, el escenario que se plantea es de menos matriculaciones, tanto por el carsharing como por las distintas fórmulas de movilidad. Y por el hecho de que un coche autónomo tal vez satisfaría las necesidades de una familia entera (volvería a casa solo después de llevar a uno al trabajo y podría ser usado por el otro, por ejemplo). Pero es que, además, asistiremos a una reducción de las averías, de los mantenimientos y de las reparaciones de chapa. Las dos primeras reducciones vienen dadas por el hecho de que, al conducir solo el coche, el desgaste será más uniforme y las averías serán casi programadas. Aparte del hecho de que nuevos sistemas de propulsión, como la electrificación o la hibridación, prescinden de numerosas piezas mecánicas, simplificando los sistemas. Y la colisión, claro que se reduce. Ya se están reduciendo las colisiones por alcance y los golpes de aparcamiento, por los sistemas antes citados. Y se espera que vaya a más. Le podemos añadir una variable más: la cada vez mayor complejidad de los sistemas podría derivar

en una reorientación de la posventa al canal marquista, debido a la confianza que le puede generar al conductor y, sobre todo, a la proliferación de sistemas que incluyen la venta, el mantenimiento, el seguro y la posibilidad de renovar el vehículo cada cierto tiempo. Son ofertas que ya existen.

Pero no nos pongamos apocalípticos. En el número 254 de nuestra revista “Talleres en Comunicación” un excelente ramillete de especialistas abordan todos estos puntos de vista que nos ayudarán a percibir más claramente el futuro que se nos acerca.

Puedes leerlo en http://www.posventa.info/revistas/TEC254/index.html#/10